ALFREDO ALVAR EZQUERRA

Entrevista a ALFREDO ALVAR EZQUERRA

Profesor de Investigación del CSIC en su Instituto de Historia en Madrid. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Ha sido condecorado con la Encomienda de Isabel la Católica (2015) y recibió el Premio Villa de Madrid “Ortega y Gasset de Ensayo y Humanidades”. Fue Profesor asociado de la  Universidad Complutense de Madrid. Miembro de la Junta directiva de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, durante más de dos décadas, en las que dirigió los cursos de Historia y Divulgación Científica y la revista Torre de los Lujanes. Presidió durante un mandato el Instituto de Estudios Madrileños. La mayor parte de su investigación se concentra en la Edad Moderna en España. Director de un Grupo de Investigación en el CSIC, “Humanismo y Siglo de Oro: una historia social”. Vocal del Patronato y Miembro de la Comisión permanente del Archivo General de Simancas, (desde noviembre de 2015). Investigador Principal de proyectos de I+D+i del Plan Nacional de I+D+i. Gran divulgador de la Historia de los Siglos de Oro, ha participado en “Isabel” y, especialmente, en los 18 capítulos de “El mundo de Carlos” de RTVE (2016-2017). Es el coordinador científico de varios proyectos del Google Cultural Institute sobre Cervantes. Comisario de la exposición “Este que veis aquí… Cervantes en Simancas y en los Archivos Estatales” (oct 2016-abril 2017). En los últimos años ha publicado los siguientes libros: 1. El Duque de Lerma. Corrupción y desmoralización en la España del siglo XVII. 2. La Emperatriz. Isabel y Carlos V: amor y gobierno en la Corte española del Renacimiento. 3. Madrid, corazón de un Imperio: 1561 y 1601-1606. 4. Un maestro en tiempos de Felipe II. Juan López de Hoyos y la enseñanza humanista en el siglo XVI. 5. El Embajador imperial Hans Khevenhüller (1538-1606) en España .6. Juan Sebastián Elcano (1476?-1526). 7. Carlos V. Carolus (In)victissimus. 8. Una ingeniosa locura. Libros y erudición en Cervantes. Asimismo ha publicado las biografías: “Isabel la Católica. Una reina vencedora, una mujer derrotada” y “Cervantes. Genio y libertad”.

Ayer participó en un acto organizado por el Parlamento Europeo titulado: Cervantes sin fronteras. El español puente entre Europa y América¿Con qué motivo se organizó este evento?

La iniciativa del acto partió de eurodiputados españoles del Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa, Grupo Popular Europeo y  Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas.

Se disponía de dos potentes sustentos: el uno, el uso y disfrute de nuestra común lengua española; el otro, una iniciativa del Ministerio de Cultura y Google, según la cual, se creó un inmenso portal de recursos cervantinos, en el que la colaboración del CSIC ha sido esencial en la ayuda científica y redacción de textos.

¿Nos podría resumir brevemente los puntos principales de su ponencia?

La intervención fue muy breve, porque así lo exigían las agujas del reloj. Sin embargo, en nombre del CSIC intenté transmitir que, aunque era un día histórico para el cervantismo, no era un día único, porque desde 1737 en que se publicó la primera biografía de Cervantes, hasta ahora, siempre se han buscado los “objetos” (documentos, fundamentalmente) que dieran vida a la vida del “sujeto” (Cervantes). Más de dos siglos y medio buscando documentos, editándolos, dándolos a la luz, por medio de los medios técnicos al alcance de la mano. Aunque parezca que estamos en un mundo nuevo, todo sigue igual…, más o menos.

Finalmente, advertí de la desafección que hay en la investigación básica de Humanidades y la falta de rejuvenecimiento de los científicos. Es curioso que a todo el mundo le gusta la Historia… ¡pero alguien tendrá que cultivarla y aprender a hacerla!

Hablemos de Europa y su futuro, ¿cree que habrá más “Brexit” a medio o largo plazo? ¿Se irá debilitando o fortaleciendo cada vez más la Unión Europea?

La irresponsabilidad británica nos ha causado a todos enorme desazón. Los problemas que se nos plantean acaso sean equiparables a los de los años 50 cuando se empezó a diseñar esta Unión.

Recuerdo la ilusión europeísta española antes de entrar en la CEE, y ahora los cánticos soberanistas y patrióticos… ¡de la izquierda radical! Nada habrá más perjudicial para nuestra senectud, o para las generaciones por venir que la autarquía. Y de autarquía en España supieron mucho nuestros padres.

El aislamiento no es sólo comercial, o económico, sino cultural. Y ¿a quién beneficia, sino a los tiranos? Cuanta más Europa, más libertad. Es indudable.

Pero Europa no es preocuparse un Parlamento internacional sobre si hay que comer conejo o pollo. Eso no es Europa. Eso es un absurdo, es un chiste.

Vendría bien leerse la honda preocupación expresada por Andrés Laguna a mediados del siglo XVI, sobre la disolución de “su” Europa, por culpa de las tensiones religiosas: Europa que a sí misma se destruye (en griego) fue el título de su discurso en Bonn.

Una de las novedades del actual Programa marco de Investigación e Innovación ha sido que las Ciencias Humanas y Sociales han pasado a ser transversales. Con esta modificación quizá se pensó que se ampliaban las posibilidades de participación de las Ciencias humanas y sociales. La cuestión es que se presenta la multidisciplinariedad como una oportunidad y vemos que los diferentes tipos de ciencias no saben cómo o por qué “han de hacerse amigas”.  ¿Qué opina al respecto? ¿Alguna sugerencia?

 

 

Que unas votaciones parlamentarias pretendan rediseñar e imponer una senda epistemológica ya consolidada desde el Renacimiento y más aún desde la Ilustración es incomprensible. Salvo que lo queramos comprender en términos de “utilidad”… ¡económica! O sea: los filólogos, traductores, los historiadores, guías de turismo y los historiadores del Arte, restauradores o merchantes de ferias. Un despropósito intelectual.

La transversalidad es muy útil; es necesaria científicamente y aún más, innovadora y original, pero no perdamos de vista las bases epistemológicas de cada saber, la tradición registrada en el patrimonio cultural.

El conocimiento no es democrático, quiero decir que no se puede resolver por votación. Todo está escrito: es una tragedia que se haya perdido el latín (¡como si un matemático fuera incapaz de hacer operaciones aritméticas de cabeza!). Si en todos los colegios se enseñara latín, mucho y bien, en dos días se aprenderían no sólo nuestros fundamentos culturales, ¡que somos europeos!, sino las lenguas románicas, que por cierto, no son pocas. Las pérdidas de las bases culturales, llevan inmediatamente a hacer florituras para recomponer no se sabe bien qué, pero que quede bonito.

A mí me encantaría más movilidad de científicos, libremente; más jóvenes estudiando e iniciando nuevas investigaciones y sobre todo con la posibilidad de labrarse un futuro; re-construir la cultura de Europa en función de sus fundamentos y de las profundísimas innovaciones, etc. ¿Alguien se cree que un historiador no lee teoría sociológica, o económica? Lo que necesita un historiador es poderse mover de un lado a otro del mundo del conocimiento con libertad, agilidad y reconocimiento. No siempre bajo la escrutadora mirada inquisitiva de que todo lo hace mal, salvo que le digan cómo ha de trabajar.

Suponiendo que surgiera la oportunidad, ¿junto a qué ciencia, que no pertenezca a las Ciencias humanas y sociales, le gustaría trabajar? ¿Por qué?

Si quisiera trabajar junto a otros (considerándolos “mejores”), lo mejor que podría hacer sería cambiar de profesión.

Sería mucho mejor que los europeos supieran mucha más Historia, ¿no le parece? Así se podría caminar hacia el Parnaso de la felicidad… (Alvar sonríe).

Respecto a su papel de divulgador científico, ¿ha descubierto cómo se llega mejor a la gente de la calle? ¿Cree que es el propio científico el que ha de divulgar o aboga por potenciar la figura del “divulgador científico”?

He tenido la fortuna de poderme dirigir a millones de conciudadanos a los que les interesaban aspectos del siglo XVI. O sea, un historiador hablando de Historia a gente con intereses historicistas y no haciendo piruetas interdisciplinarias, ni anclado en discursos “casposos” de la Historia.

En fin: la divulgación solo la pueden hacer los que saben.

Para divulgar hay que dominar, a su vez, principios de retórica y oratoria; o sea, saberes clásicos.

En la actualidad se descubre el Mediterráneo por muchos cantamañanas, cada dos por tres. ¡Con lo educativo que puede ser para muchos leer a Cicerón, a Aristóteles, o por supuesto, a Miguel de Cervantes!

El conocimiento científico y su difusión son asuntos muy serios: no es hacer las cosas entretenidas y divertidas (para eso hay comediantes e histriónicos), sino transmitir con aplomo y equilibrio el rigor científico y su pérdida, en aras de un discurso comprensible para gentes inteligentes e instruidas.

¿Recuerda el momento y el factor que despertó su vocación de historiador o la vida le fue llevando?

Imagino que la influencia familiar me marcó. Luego, excelentes catedráticos de Instituto en los años 70; después muy buenos profesores en la Universidad y el inmenso placer de entrar en un archivo, en una biblioteca de fondo antiguo y el recogerme en mí mismo, horas y horas y horas, sin parar de pensar e imaginar, sobre el pasado, el presente; sobre cómo los ayeres se vinculan con nuestro hoy…, todo eso hace –y va haciendo- a un historiador. ¡Ah, y el dominio de ciertas habilidades burocráticas!

Por cierto, en la adolescencia me habría gustado haber sido patrón de barco mercante o director de cine.

Y al final, ya ve, historiador de los siglos XVI al XVIII en el CSIC. ¡Un lujazo!

Estoy muy agradecido a las facilidades que me ha brindado siempre mi institución –y mi sociedad- para hacerme un científico y para crecer como ser humano.